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Última oportunidad antes de la década seca

La madrugada del 17 de enero de 1920 marcó un hito en la historia de los Estados Unidos. A las 12:01 a.m., las fiestas de “última llamada” se llevaron a cabo en bares y clubes de todo el país, mientras que el gobierno comenzaba a hacer cumplir la Prohibición. Este movimiento, que prohibía la fabricación, venta y transporte de bebidas alcohólicas, llevó a muchos estadounidenses a lamentar la pérdida de su acceso a licor legal. Sin embargo, esta medida también generó una mezcla de emociones, desde el luto por la cultura de la bebida hasta el júbilo de los reformistas.

Las crónicas periodísticas de la época describen cómo, a medida que avanzaba la noche, muchos se preparaban para enfrentar trece años de sequía en la oferta de alcohol. Mientras unos celebraban el fin de la “era del licor”, otros, como el famoso predicador Billy Sunday, clamaban que la Prohibición traería una era de rectitud, donde “los hombres caminarán erguido, las mujeres sonreirán y los niños reirán”. En el otro extremo, la comunidad de reformadores, como los temperance reformers de Louisville, organizó ceremonias fúnebres en honor a una figura emblemática: “John Barleycorn”, un apodo despectivo para el alcohol.

En las horas posteriores a la medianoche, muchos festejantes regresaban a casa, mientras que algunos de los más adinerados se consolarían con sus reservas personales de alcohol, ya acumuladas antes de la entrada en vigor de la ley. Era común que las familias ricas almacenaran botellas de scotch, champán y barricas de bourbon, preparándose para lo que sabían sería un periodo complicado para disfrutar de bebidas alcohólicas.

El marco legal de la Prohibición

La Prohibición, establecida por la 18ª Enmienda de la Constitución, no prohibió técnicamente el consumo de alcohol, pero sí su producción y distribución. Esto generó una serie de confusiones y ambigüedades legales. Por ejemplo, los estadounidenses podían consumir vino sacramental, lo que llevó a un aumento en el número de rabinos y ministros que ofrecían este servicio. Además, se permitió el acceso a bebidas alcohólicas bajo prescripción médica, lo que dio pie a un auge en la medicina de “liquor”.

Los métodos de enforcement (aplicación de la ley) de la Prohibición variaban significativamente de una comunidad a otra. En Nueva York, por ejemplo, las autoridades anunciaron que no realizarían redadas espectaculares en los primeros momentos de la Prohibición, mientras que en Maryland, la ley nunca se hizo cumplir debido a alegaciones de violación de derechos estatales. En contraste, veintiún estados ya eran “secos” desde antes de la Primera Guerra Mundial, y estaban listos para aplicar la ley con rigor.

La percepción pública acerca de la Prohibición era, en muchos casos, ambigua. Por ello, las autoridades pidieron la ayuda de líderes religiosos para una aplicación informal de la ley. El comisionado del Servicio de Impuestos Internos, Daniel C. Roper, instó a clérigos a “aclarar la mente pública” y promover el “espíritu correcto” para alcanzar la sobriedad y el orden.

Consecuencias no intencionadas de la Prohibición

Uno de los efectos más notorios de la Prohibición fue el aumento de actividades criminales. En las primeras horas del 17 de enero, se confiscaron al menos dos alambiques en Detroit. Aunque algunas ciudades optaron por no aplicar la ley de inmediato, las que sí comenzaron a hacerlo reportaron un incremento en robos y otros delitos. A medida que pasaban los días, las autoridades de Chicago también intensificaron sus esfuerzos en la persecución de actividades ilegales.

  • En Chicago, bandoleros desmantelaron vagones de carga llenos de whisky.
  • Se reportaron robos en vecindarios adinerados, donde los delincuentes se llevaban las reservas de licor, dejando objetos de valor.
  • Las pandillas, como la del famoso Al Capone, se enfrentaban en guerras territoriales por el control del tráfico de licor.

Estas guerras territoriales no solo fueron escenas de violencia en Chicago, sino que se replicaron en diversas ciudades a través del país. La Prohibición se convirtió en un caldo de cultivo para el crimen organizado. En Nueva York, las familias mafiosas italianas colaboraban con grupos judíos para importar licores de alta calidad desde Europa y el Caribe. En Chicago, Al Capone utilizaba la proximidad a Canadá para facilitar el contrabando, mientras que en Detroit, pandillas locales dependían de sus conexiones con Windsor, Ontario.

A pesar de que la Prohibición había reducido en parte el consumo de alcohol público, también había generado un aumento en el crimen, la evasión fiscal y la violencia. Las tasas de homicidio, que eran de 7.2 por cada 100,000 personas en 1919, subieron a 9.7 en 1933, lo que llevó a muchos de los defensores de la Prohibición a cuestionar la efectividad de la ley.

Impacto de la Prohibición en la salud pública

La Prohibición trajo consigo una serie de desafíos de salud pública. Aunque los casos de embriaguez pública disminuyeron, la calidad del alcohol consumido en el mercado negro se volvió un problema. Los informes advertían sobre el alcohol metílico, un veneno que algunos contrabandistas mezclaban con bebidas. En 1923, 321 personas murieron debido a la intoxicación por alcohol metílico, y miles más sufrieron efectos graves.

En 1930, un tónico popular llamado Jamaica Ginger, utilizado como remedio para el malestar estomacal, causó parálisis permanente en un gran número de personas. La combinación de un alto contenido de alcohol y la falta de regulación llevó a una serie de consecuencias trágicas. Esto obligó al Departamento del Tesoro a implementar regulaciones más estrictas, aunque algunos contrabandistas lograron eludir las leyes mediante métodos ingeniosos y peligrosos.

El rol de las mujeres durante la Prohibición

La Prohibición también tuvo efectos positivos, especialmente en la vida de las mujeres. Antes de la década de 1920, era raro que las mujeres asistieran a salones de vinos sin un acompañante masculino. Sin embargo, con la llegada de los speakeasies, hombres y mujeres comenzaron a coexistir en un entorno donde las normas sociales tradicionales se desmoronaban. Esto permitió que las mujeres exploraran una mayor libertad personal y social.

El auge de la cultura de los speakeasies permitió a artistas femeninas como Bessie Smith y Josephine Baker obtener reconocimiento profesional. Además, muchas mujeres comenzaron a trabajar en el periodismo, cubriendo temas variados que iban desde el entretenimiento hasta el crimen. Las figuras destacadas de este periodo, como Louella Parsons, abrieron caminos en la industria mediática en un tiempo donde las oportunidades eran escasas para ellas.

El ámbito político también comenzó a abrirse para las mujeres. Mabel Walker Willebrandt, quien se convirtió en asistente del fiscal general, y Pauline Sabin, activista política, representaron a dos mujeres que, aunque tenían opiniones diferentes sobre la Prohibición, jugaron papeles importantes en su desarrollo y eventual derrocamiento.

Willebrandt luchó incansablemente por la aplicación de la Prohibición, a pesar de las dificultades que enfrentaba su oficina. Identificó la falta de apoyo local y la ineficiencia de coordinación entre agencias como problemas que contribuían al fracaso de la ley. Por otro lado, Sabin comenzó como defensora de la Prohibición, pero eventualmente se convirtió en una de sus críticas más vocales, fundando la Organización de Mujeres para la Repeal de la Prohibición.

A medida que la Prohibición avanzaba, ambos personajes evolucionaron en sus posturas, simbolizando el cambio en la percepción pública sobre la ley. La Prohibición había comenzado con grandes expectativas, pero al final, sus consecuencias se tornaron en una carga para muchos estadounidenses, mientras que las sombras del crimen organizado se extendían sobre el país.