La vida de Rose Marie es un relato fascinante que entrelaza la inocencia de la niñez con el oscuro mundo del crimen organizado. A lo largo de su carrera, su conexión con figuras notorias como Al Capone revelan no solo la complejidad de su vida, sino también cómo incluso los personajes más temidos pueden mostrar un lado humano. A continuación, exploraremos la vida de esta icónica figura y su inolvidable encuentro con el famoso gánster.
Desde niña prodigio hasta ícono de la televisión
La mayoría de las personas recuerdan a Rose Marie como la carismática «Sally Rogers» en el emblemático programa de televisión The Dick Van Dyke Show durante la década de 1960. Sin embargo, su trayectoria artística comenzó mucho antes, a la tierna edad de cinco años. Conocida como “Baby Rose Marie”, se convirtió en una estrella de la radio en NBC y fue una aclamada artista de variedades en el circuito de vaudeville.
Durante su infancia, Rose Marie compartió escenario con leyendas como Rudy Vallee, Dick Powell, George Burns y Gracie Allen. Entre 1929 y 1934, su carrera como estrella infantil alcanzó su punto máximo, realizando presentaciones incesantes en todo el país. La vida de Rose Marie no solo estuvo marcada por el éxito, sino también por el sacrificio y la explotación, ya que su padre, Frank Mazetta, controlaba todas sus ganancias, utilizando el dinero para mantener a dos familias: la suya y la de otra mujer con la que mantuvo una relación.
Un encuentro inolvidable con Al Capone
La vida de Rose Marie daría un giro inesperado cuando, a la edad de ocho años, conociera a uno de los criminales más infames de la historia: Al Capone. En una de sus actuaciones en el Palace Theatre de Chicago, un teatro de vaudeville que había sido inaugurado en 1926, el destino le deparó una conexión extraordinaria. Esta emblemática sala se convirtió en el escenario de su encuentro con Capone, quien en ese momento era el rostro del crimen en Chicago.
Al poco tiempo de su llegada al teatro, un hombre alto que esperaba junto a una limusina se presentó a su padre con un saludo familiar: “Hola, Happy”. Este apodo despertó la curiosidad de Rose Marie, quien, a pesar de su corta edad, ya había escuchado rumores sobre el famoso gánster. Su padre, siempre cauteloso, le pidió que no hiciera preguntas.
El hombre, que resultó ser Al Capone, le expresó a su padre su deseo de conocer a la pequeña actriz: “Los chicos quieren conocer a la niña. La aman, y quieren verla”. Fue así como Rose Marie se embarcó en una aventura que cambiaría su vida. Su padre negoció el horario para que ella pudiera hacer su actuación y luego ser recogida por Capone.
Un día en la casa de Capone
El día siguiente llegó, y Rose Marie no podía ocultar su nerviosismo. Cuando finalmente llegó el momento, se subió a la lujosa limusina y se dirigió a la casa de Capone. La entrada era imponente, con muchas escaleras que conducían a un hogar que parecía sacado de una película. “Recuerdo cada detalle de esa casa”, dijo Rose Marie, evocando la escena con nostalgia.
Al entrar, se encontró con un largo comedor donde 24 hombres estaban sentados alrededor de una mesa, todos esperándola. Al verla, Al Capone se acercó y la saludó cariñosamente, afirmando que todos en la sala la querían. Para Rose Marie, aquel momento era un torbellino de emociones. Capone le regaló un anillo de cena con tres diamantes, símbolo de su aprecio. “Este es para ti, cariño. Quiero que lo uses”, le dijo. Fue en ese instante cuando le pidió que lo llamara “Uncle Al”, un apodo que ella aceptó sin dudar.
El impacto de una relación inesperada
La relación que Rose Marie desarrolló con Capone y su círculo cercano fue sorprendentemente protectora. A pesar de su notoriedad, Capone prometió cuidar de ella y su familia. “No te preocupes por nada. Si necesitas algo, nosotros nos encargaremos”, le dijo, asegurándole a su padre que estaría bien. Rose Marie recuerda cómo este compromiso se materializó a lo largo de su carrera, con miembros del círculo de Capone apareciendo regularmente para asegurarse de que estaba bien.
El gánster fue encarcelado poco después de su encuentro, pero su promesa se cumplió. “Cada vez que me presentaba en un lugar, uno de los chicos de Al siempre estaba allí para cuidarme”, relató Rose Marie, añadiendo que se sentía más segura con su apoyo que con el de su propio padre. A lo largo de su vida, se sintió afortunada por la atención y el cuidado que recibió de estos hombres, quienes, a pesar de su reputación, la consideraban como parte de su familia.
La vida en la escena del espectáculo
Rose Marie continuó su carrera en el mundo del espectáculo, trabajando en lugares icónicos como el Copacabana en Nueva York, un club famoso asociado con el crimen organizado y la élite de la ciudad. Allí, figuras como Frank Costello se acercaban a preguntarle si estaba bien y si necesitaba algo. “Siempre había alguien que se preocupaba por mí”, recordaba con una sonrisa.
Una de las anécdotas más memorables ocurrió cuando un manager le dijo que había alguien en el salón que quería verla. Cuando finalmente se encontró con Joe Fischetti, primo de Al Capone, se sorprendió de cómo el entorno del crimen estaba tan entrelazado con su carrera. “Cada vez que me movía, ellos estaban ahí para asegurarme que estaba bien”, dijo Rose Marie, con un tono de cariño hacia esos hombres que la cuidaron en su camino.
Un legado que perdura
La influencia de Al Capone y de los “chicos” en la vida de Rose Marie no se limitó a su infancia; se extendió a lo largo de su carrera y fue una parte integral de su historia personal. Ella mantuvo su relación con el mundo del espectáculo y el crimen, recordando con afecto a aquellos que la cuidaron. A pesar de las sombras que podían rodear a estas figuras, Rose Marie siempre los consideró una parte importante de su vida.
Rose Marie falleció el 28 de diciembre de 2017, a la edad de 94 años. En sus últimos días, compartió recuerdos y reflexiones sobre su carrera de casi 90 años que incluyeron actuaciones para presidentes y momentos icónicos en la historia del entretenimiento. Su legado no solo vive en su trabajo, sino también en las historias que dejó atrás, como su inolvidable encuentro con Al Capone y su impacto en su vida.

























