El auge del crimen organizado en Estados Unidos durante las décadas de 1920 y 1930 está intrínsecamente relacionado con el desarrollo de ciudades como St. Petersburg, Florida. La fascinante intersección entre la mafia y el crecimiento inmobiliario en este rincón del país revela un capítulo intrigante de la historia estadounidense, donde las sombras del crimen se entrelazan con el brillo del sol. A medida que exploramos este tema, descubriremos cómo figuras notorias como Al Capone y Johnny Torrio dejaron su marca en la “Ciudad del Sol”.
El auge de la inversión en bienes raíces en Florida durante los años 20
A principios de la década de 1920, Florida experimentó un frenesí de especulación inmobiliaria. La promesa de un clima soleado y la expansión de las infraestructuras atrajeron a desarrolladores y especuladores de todo el país. St. Petersburg, ubicada en la península de Pinellas, se convirtió en uno de los destinos más deseados para estas inversiones. Esta ciudad, que se alzaba entre la bahía de Tampa y el Golfo de México, se conocía como la “Ciudad del Sol” y estaba en pleno apogeo de desarrollo.
Durante este tiempo, la Manro Corporation, un conglomerado poco conocido al principio, comenzó a adquirir grandes extensiones de terreno. Entre sus principales inversores se encontraban personajes notorios del crimen organizado: Johnny Torrio, Al Capone y Jake «Greasy Thumb» Guzik. Torrio, un mafioso de Brooklyn, había hecho su nombre en Chicago y pronto se convertiría en una figura clave en el submundo criminal, mientras que Capone emergía como su sucesor y uno de los gánsteres más emblemáticos de la historia estadounidense.
El legado de la Manro Corporation en St. Petersburg
La Manro Corporation no solo adquirió terrenos, sino que también dejó una huella significativa en la infraestructura local. Compraron más de veinte acres en la bahía de Boca Ciega, donde hoy se encuentra el campo de golf Twin Brooks, propiedad de la ciudad. Este tipo de inversiones inmobiliarias fueron reflejo del interés de la mafia en la expansión y el control territorial.
Al mismo tiempo, se inauguraron locales emblemáticos como el Gangplank, un club nocturno y restaurante fundado por el desarrollador local Walter Fuller en 1924. Este lugar se convirtió rápidamente en un centro de entretenimiento, ofreciendo espectáculos de artistas renombrados como Duke Ellington y Nat King Cole, y atrajo a un público diverso, incluidos los gánsteres que buscaban refugio en el bullicio de la vida nocturna.
El Gangplank: un epicentro del entretenimiento y la ilegalidad
El Gangplank no solo era un punto de encuentro para la élite local, sino que también operaba como un speakeasy, un bar clandestino que servía alcohol durante la Prohibición. Se dice que los camareros servían bebidas en tazas de té para disimular la actividad ilegal, manteniendo así una fachada de respetabilidad. Este tipo de prácticas eran comunes en un tiempo en que el contrabando de alcohol era la norma en lugares como Boca Ciega Bay.
Las leyendas urbanas también hablaban de túneles que conectaban el Gangplank con la costa, aunque no se han encontrado pruebas concretas. Sin embargo, el área era reconocida por sus actividades de contrabando, lo que añade una capa de misterio a la historia de este club.
La conexión entre el Gangplank y el S.S. Monte Carlo
Junto al Gangplank, se encontraba un embarcadero que servía a una embarcación de juegos de azar llamada S.S. Monte Carlo. Este barco, que comenzó a operar el día de Navidad de 1930, fue supuestamente financiado por Torrio y Capone. Descrito por el St. Petersburg Times como un “gran palacio flotante de placer”, el Monte Carlo se convirtió en un destino popular para los apostadores, lo que demuestra cómo el crimen organizado influyó en la economía local.
El Jungle Country Club Hotel: un refugio para los gánsteres
En la misma línea, Fuller construyó el Jungle Country Club Hotel, que se abrió en 1926 y rápidamente se convirtió en un lugar de encuentro para los turistas del norte que buscaban escapar del frío. El hotel, que contaba con un campo de golf y una pista de aterrizaje, fue el escenario donde Torrio y sus hombres se alojaron mientras evaluaban las propiedades de la Manro Corporation.
El hotel también se llenó de rumores sobre la presencia de Al Capone, quien supuestamente pasó tiempo en la ciudad, aunque las evidencias concretas son escasas. Se decía que Capone había construido una casa para su madre en el área y que a menudo visitaba el hotel, especialmente durante la temporada de entrenamiento de béisbol de Babe Ruth.
Las leyendas urbanas y el legado de Al Capone en St. Petersburg
Las historias sobre Al Capone en St. Petersburg han sido objeto de mitos y especulaciones. A pesar de que la evidencia de su residencia en la ciudad es limitada, las menciones de su nombre se entrelazan con la historia local. Jennifer Grabowski, una nativa de St. Petersburg, ha investigado la historia del Jungle Country Club Hotel y ha encontrado que muchas de las leyendas sobre Capone se basan en anécdotas no verificadas.
Sin embargo, hay registros de que Capone mencionó su intención de visitar St. Petersburg y que, en una ocasión, se le vio en Tarpon Springs, cerca de St. Petersburg. Estos eventos, aunque breves, solidificaron su conexión con la región.
El impacto de la Gran Depresión en la economía local
La Gran Depresión de 1929 marcó un giro drástico en la historia de Florida y, en particular, en St. Petersburg. La ola de inversiones que había florecido se desmoronó y muchos de los locales emblemáticos, como el Gangplank y el S.S. Monte Carlo, cerraron sus puertas. El Jungle Country Club Hotel también enfrentó dificultades y eventualmente se convirtió en un internado militar, la Admiral Farragut Academy.
Walter Fuller, el desarrollador detrás de muchos de estos proyectos, también sufrió pérdidas significativas. Su historia de un pirata del contrabando que escondía barriles de ron en su casa es un testimonio de los tiempos tumultuosos que vivió.
La vida posterior de Torrio y Capone
Johnny Torrio se retiró del mundo del crimen, mudándose a St. Petersburg en 1929 y visitando ocasionalmente hasta su muerte en 1957. Mientras tanto, Al Capone, tras ser encarcelado por evasión de impuestos en 1932, vivió sus últimos años en su casa de Miami Beach, sufriendo los efectos de la sífilis no tratada. Falleció en 1947, dejando atrás un legado de crimen y controversia.
A pesar de los cambios en la economía y la sociedad, el legado de Capone en St. Petersburg perdura a través de la arquitectura de los años 20, registros históricos y un aire de misterio que sigue cautivando a residentes y visitantes por igual.
Scott M. Deitche es un autor especializado en crimen organizado. Sus libros incluyen Cigar City Mafia: A Complete History of the Tampa Underworld y Garden State Gangland: The Rise of the Mob in New Jersey. Deitche es miembro del Consejo Asesor del Museo de la Mafia y reside en St. Petersburg, Florida.

























