out 0 95

Howard Hughes and nuclear testing

La historia de Howard Hughes es una fascinante mezcla de ambición, poder y controversia. Este enigmático magnate no solo dejó una huella indeleble en la industria del cine y la aviación, sino que también se involucró profundamente en cuestiones políticas y sociales, especialmente en lo que respecta a la seguridad pública y el medio ambiente. Su relación con las pruebas nucleares en Estados Unidos, y específicamente en Nevada, es un capítulo que revela tanto su carácter como su visión de futuro.

La llegada de Howard Hughes a Las Vegas

En noviembre de 1966, Howard Hughes, un multimillonario conocido por su naturaleza excéntrica y su miedo a los gérmenes, llegó a Las Vegas. Su llegada marcó el inicio de una serie de adquisiciones que transformarían la ciudad. Entre sus compras se encontraban terrenos, aeropuertos, minas y una estación de televisión. Esta expansión no solo fortaleció su imperio empresarial, sino que también le otorgó un considerable poder e influencia en la región.

Con el tiempo, Hughes se convirtió en un jugador importante en la política local y nacional. Su capacidad para influir en decisiones gubernamentales era notable y, al mismo tiempo, sus intereses económicos lo llevaron a preocuparse por cuestiones que afectaban la salud pública y la seguridad de la población.

Preocupaciones sobre las pruebas nucleares

A medida que su imperio crecía, Hughes comenzó a preocuparse por las pruebas nucleares realizadas por el gobierno de Estados Unidos. A solo 60 millas de Las Vegas, el gobierno llevaba a cabo ensayos que, en su opinión, representaban un grave riesgo tanto para la salud de los ciudadanos como para su negocio. Hughes temía que la radiación pudiera alejar a turistas y nuevos residentes, lo que afectaría directamente a sus inversiones.

  • Inquietud sobre los efectos ambientales de las pruebas nucleares.
  • Impacto potencial en la industria turística de Las Vegas.
  • Miedo a la exposición a la radiación en la población local.

A pesar de su imagen de hombre de negocios agresivo, Hughes no era un pacifista. Su activismo estaba motivado por un interés personal y financiero en la salud del entorno donde había invertido. Su miedo a los gérmenes también influía en su percepción del riesgo que representaba la radiación.

La amenaza del test Boxcar

En 1968, Hughes se encontró ante una amenaza inminente: la propuesta de la Comisión de Energía Atómica de detonar una bomba nuclear llamada Boxcar, que era 50 veces más potente que la bomba lanzada sobre Hiroshima. Este evento lo alarmó profundamente y lo llevó a intensificar su campaña en contra de las pruebas nucleares.

Hughes se dirigió a la Comisión de Energía Atómica con el objetivo de frenar el test. A pesar de sus esfuerzos, los funcionarios permanecieron indiferentes ante sus preocupaciones. En consecuencia, decidió llevar su mensaje más alto, buscando la intervención del presidente Lyndon Johnson.

Una carta a la Casa Blanca

El día anterior a la prueba programada, Hughes redactó una carta dirigida a Johnson, solicitando un aplazamiento de 90 días. En su misiva, citaba a “científicos y técnicos independientes” que respaldaban su posición de que la explosión representaba un riesgo significativo para los habitantes de Nevada. En una parte de la carta, escribió: “Nevada se ha convertido en un estado completamente acreditado y no debería ser tratado como un páramo útil solo para ser un vertedero de desechos nucleares contaminados”.

A pesar de sus esfuerzos, el test Boxcar se llevó a cabo según lo previsto, generando vibraciones en los casinos de Las Vegas, pero sin causar daños significativos. Sin embargo, la inquietud de Hughes sobre futuras pruebas lo llevó a intensificar sus tácticas de presión.

Influencia política y financiación de campañas

Con la carrera presidencial de 1968 en marcha, Hughes tomó medidas audaces al decidir contribuir financieramente a las campañas de varios candidatos, incluidos los demócratas Hubert Humphrey y Robert Kennedy, así como el republicano Richard Nixon. Este enfoque no solo buscaba asegurar aliados en la política, sino también influir en las decisiones relacionadas con las pruebas nucleares.

Su estrategia a largo plazo incluía la esperanza de que los candidatos apoyaran su causa contra las pruebas nucleares. Sin embargo, Hughes también seguía buscando una solución inmediata y, para ello, ordenó a su asistente Bob Maheu que concertara una reunión con el presidente Johnson.

El encuentro con el presidente

Maheu se reunió con el presidente Johnson en su rancho en Texas, pero en un acto de ética personal, decidió no mencionar la oferta de un millón de dólares que Hughes había sugerido como incentivo para detener las pruebas. En su libro de memorias, Next to Hughes, Maheu explica su decisión: “La idea de sobornar al presidente de Estados Unidos apelaba a la necesidad innata de Hughes de ejercer control sobre todos. Me disgustaba tanto la idea que nunca mencioné el dinero durante nuestra conversación”.

Este episodio ilustra no solo la complejidad de la relación de Hughes con el poder, sino también su ambición de influir en decisiones que consideraba críticas para su imperio y para la salud pública.

El legado de Howard Hughes

Hughes abandonó Las Vegas en 1970, en medio de una lucha interna por el control de su imperio. Aunque continuó poseyendo y operando sus negocios en la ciudad, nunca regresó y falleció en 1976. Su vida estuvo marcada por el aislamiento y la paranoia, pero su influencia perduró, especialmente en el contexto de las pruebas nucleares en Nevada.

Las pruebas nucleares en el sitio de pruebas de Nevada continuaron hasta 1992, cuando el presidente George H.W. Bush detuvo oficialmente el programa. El legado de Hughes, marcado por su lucha contra estas pruebas, nos recuerda la intersección entre los intereses económicos y la salud pública en la historia moderna de Estados Unidos.